27 jun 2013

Sobre el pantalón capri y la estupidez humana

Aunque no lo he buscado, creo que necesito leer urgentemente un buen estudio sociológico sobre la moda. No sé si alguien habrá investigado sobre la evolución de la misma, las transformaciones que experimenta a medida que la adopta la gran masa de gente y los daños colaterales estéticos que crea en la sociedad. Sería muy interesante para todos poder comprobar gracias a estas pesquisas, cómo el ser humano es capaz de destrozar lo que él mismo crea gracias a un proceso de vulgarización de la corriente estética.

Y es que, en cuestión de moda textil este proceso es fácilmente observable. Generalmente nace una nueva forma estética al amparo de algún contexto genuino y en el que la nueva moda alcanza su mayor significado. Sin embargo, si ésta incipiente creación se extiende por cualquier motivo al resto de consumidores, se desvirtúa de tal manera que quien lo lleva se convierte en un maniquí de lo más oscuro de la mente humana: su tremenda estupidez.

Si ilustramos la teoría con un ejemplo, podemos notar estas evidencias. Todos nos acordamos de la  moda masculina del pantalón un poco caído, en el que se dejaba ver la ropa interior por encima de este. No me he informado, pero supongo por lógica (y dejando a un lado el supuesto origen de la moda en cárceles estadounidenses) que nace del ámbito del rap y la moda de la calle, grafiteros, skaters o incluso surferos. Si salimos de esta situación, y mirando más adelante en el tiempo, ya encontramos que la expansión de este look a la masa supone también un giro rocambolesco de su estética y significado inicial. Ahora podemos ver a nuestros adolescentes con el culo fuera yendo a comprar el pan con un pantalón de chándal o con el uniforme del colegio. Nada más alejado de su origen de cultura urbana.

Ahora empiezo a temer la evolución de la última moda: la particular adopción masculina del pantalón capri. Este tipo de pantalón (pesquero para muchos) nace en su versión femenina en los años 60 y consiste en que éste acabe justo en la pantorrilla o por debajo de la misma. Hasta aquí podemos estar tranquilos, ya que se puede acoplar este corte a la moda masculina con la prenda, tejido, estampado o combinaciones más adecuadas. En desfiles de alta costura el pantalón en cuestión queda bien, o en otros ambientes puede ser la elección más acertada. Aún recuerdo mi último viaje a Italia justo el año pasado, en el que veía a los italianos tan elegantes, llevando sus pantalones con el dobladillo recogido a modo de capri con naturalidad y en un ambiente que les acompañaba. Todo allí parecía indicarme que estaba desactualizado y necesitaba un nuevo aire en mi armario... pero no.



Al llegar a la península comprendí el significado del contexto y su importancia, ya que fuera de ese ambiente idílico que puede ser una pasarela o las calles de Florencia; colocarte un dobladillo a modo de capri puede ser un arma de destrucción masiva para tu propia imagen de persona que no está en tratamiento psiquiátrico. Aquí ya ha llegado la moda y se ha transformado en la nueva forma de reivindicar que a tu gusto le faltan unas cuantas risas del personal que te rodea. Lejos de la combinación de prendas adecuadas, o de un contexto acorde como el de estar en el club náutico, en un evento social en el que te acompañe la elegancia de los invitados, en una playa tomando un cocktail o en medio de Berlín con la cámara de fotos colgada; el pantalón capri masculino es ya la nueva catetada de comienzos de esta década.

Y no es que yo me lo invente, sino que ya he podido ver los primeros coletazos de la manipulación de esta moda. No paro de ver por la calle a los "nuevos adoptadores" de la corriente, que han machacado la elegancia inicial del capri masculino con sólo salir de su casa. Me acuerdo del estilo italiano mirando la corriente de pisadores de uva que veo en mi ciudad. Como si fuesen a vendimiar, sólo les falta el trapo con cuatro nudos en la cabeza, unas zapatillas de esparto y una cesta para poder ir al campo y encajar en la estética del ambiente. Y ya el colmo, es ver el empeño de las grandes firmas de consumo masivo en adaptar la tendencia a niveles de vómito visual.



Por ello, utilizar esta y otras modas sin saber cómo ni cuando es una expresión clara de la estupidez social, en el que imitar es la forma más fácil de definirte. La estupidez existe ya que el individuo no es capaz de diferenciar quién es en realidad y dónde está. Vive en un espejismo estético en el que adopta corrientes muy alejadas de su realidad, transformándolas en auténticas aberraciones. 

Si un estudio científico nos explicase las fases de adopción de estas modas por parte del público, nos podríamos ahorrar disgustos cortando la transformación en el punto en el que se esté convirtiendo en peste. Como no lo hay, no sé en qué fase se encuentra ya el pantalón capri masculino, aunque lo voy intuyendo. De momento yo no me he unido al carro, por si las moscas...



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