2 nov 2013

La Filosofía y sus historias


Lo reconozco, nunca fui partidaria de Ética ni mucho menos de Filosofía en el colegio. Las clases solían ser largas, aburridas y los docentes no ayudaban a hacerlas diferentes. Tuve dos profesores, inteligentes y conocedores de la materia, aunque incapaces de transmitirnos la belleza que guardaba. El primero, se sentaba en su silla y nos hacía leer por orden hasta el final de la clase (una técnica que no estaba del todo mal porque, al menos, durante los minutos que te correspondía leer te enterabas de qué había pasado con Nietzsche y quién era aquél hombre llamado Kant). Y el segundo... En fin, el segundo.

La cuestión, es que no tuvimos suerte ni mis compañero ni yo con el profesorado. Quizás podrían inventar master classes con intercambios de buenos educadores entre colegios, básicamente por el tema de que los alumnos no se queden indiferentes ante ciertas asignaturas y explicaciones. Lo digo porque por otro lado, sí que existían buenos profesores, aunque en centros vecinos, especialmente uno que por lo que contaban era brillante y conseguía que sus alumnos comprendieran la asignatura desde el tema primero con el Mito de la Caverna de Platón. Si lo pienso hoy, aún me sorprende que alumnos adolescentes hablasen como lo hacían de aquél filósofo. Profesores y profesores, cosas de la vida supongo. Unos tantos y otros tan poco.

A pesar del panorama, y mi incapacidad de entendimiento hacía las asignaturas, he de decir que lo intenté y estudié por mi cuenta, investigué (no sé si invento, me pregunto donde lo haría ¿en la Encarta?) y finalmente di con un libro llamado El mundo de Sofía, escrito por el noruego Jostein Gaarder, que me prestó mi amiga Laura y que estuvo en mi casa unos 3 años (al final, lo recuperó). Con él su película, dirigida por Erik Gustavson, también noruego. Y ambos, sin saber bien cómo, comenzaron a despertar la curiosidad filosófica que hasta entonces dormía cuando escucha las explicaciones en clase.

A lo anterior le sumamos el concepto: Elia. No la conocéis, claro. Es una amiga qué resultó ser, chan chan chan, hija del profesor que debía dar master classes y qué por supuesto, heredó la curiosidad del padre por ese mundo. Así que, entre unas cosas y otras, las teorías terminaron por afincarse como lógicas en mi mente, haciendo que el concepto de sinsentido se tornara, a partir de ese momento, como absurdo.

Los años pasaron y un día me encuentro entre noticias que quieren eliminar la obligatoriedad de la Ética de 4º de ESO, la Filosofía de 1º de Bachillerato y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato con la LOMCE y con ello, llego mi indignación, pues después del tiempo invertido en dotar de razón a todas aquellas palabras, ahora deciden casi prescindir de ellas como si fueran innecesarias y no tuvieran aplicación en la vida real. Algo incomprensible pues la tiene, creedme, sí la tiene, porque la Filosofía, y las materias con las que se relaciona, no son únicamente autores e ideas, sino una forma de orientar el pensamiento, conocer al ser humano, aprender a reflexionar, empatizar. Es adquirir espíritu crítico, lograr capacidad de debate y con ella la de solucionar el mundo entre amigos con unas cervezas en la mesa.

La filosofía es razón, sentido, realidad, belleza, sabiduría, misterio, romanticismo, complejidad y sencillez. Es, como otros muchos afirman, pensar la vida y vivir el pensamiento.

Por eso, a pesar de mis idas y venidas con la materia, abogo parafraseando a Ortega y Gasset por sorprenderme, extrañarme, por comenzar a entender y de las misma forma, invito a todo aquél que se sienta mínimamente identificado con estas líneas a entrar en change con la finalidad de firmar por la vida de las ideas.





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