Lo
reconozco, nunca fui partidaria de Ética ni mucho menos de Filosofía
en el colegio. Las clases solían ser largas, aburridas y los
docentes no ayudaban a hacerlas diferentes. Tuve dos profesores,
inteligentes y conocedores de la materia, aunque incapaces de
transmitirnos la belleza que guardaba. El primero, se sentaba en su
silla y nos hacía leer por orden hasta el final de la clase (una
técnica que no estaba del todo mal porque, al menos, durante los
minutos que te correspondía leer te enterabas de qué había pasado
con Nietzsche y quién era aquél hombre llamado Kant). Y el segundo... En fin, el segundo.
La
cuestión, es que no tuvimos suerte ni mis compañero ni yo con el
profesorado. Quizás podrían inventar master classes con
intercambios de buenos educadores entre colegios, básicamente por el
tema de que los alumnos no se queden indiferentes ante ciertas
asignaturas y explicaciones. Lo digo porque por otro lado, sí que
existían buenos profesores, aunque en centros vecinos, especialmente
uno que por lo que contaban era brillante y conseguía que sus
alumnos comprendieran la asignatura desde el tema primero con el Mito
de la Caverna de Platón. Si lo
pienso hoy, aún me sorprende que alumnos adolescentes hablasen como
lo hacían de aquél filósofo. Profesores y profesores,
cosas de la vida supongo. Unos tantos y otros tan poco.
A
pesar del panorama, y mi incapacidad de entendimiento hacía las
asignaturas, he de decir que lo intenté y estudié por mi cuenta,
investigué (no sé si invento, me pregunto donde lo haría ¿en la
Encarta?) y finalmente di con un libro llamado El mundo de
Sofía, escrito por el noruego Jostein Gaarder, que me prestó
mi amiga Laura y que estuvo en mi casa unos 3 años (al final, lo
recuperó). Con él su película, dirigida
por Erik Gustavson, también
noruego. Y ambos, sin saber bien cómo, comenzaron a despertar la
curiosidad filosófica que hasta entonces dormía cuando escucha las
explicaciones en clase.
Los
años pasaron y un día me encuentro entre noticias que quieren
eliminar la obligatoriedad de la Ética de 4º de ESO, la Filosofía
de 1º
de Bachillerato y la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato
con la LOMCE y con ello, llego mi indignación, pues después del
tiempo invertido en dotar de razón a todas aquellas palabras, ahora
deciden casi prescindir de ellas como si fueran innecesarias y no
tuvieran aplicación en la vida real. Algo incomprensible pues la
tiene, creedme, sí la tiene, porque la Filosofía, y las
materias con las que se relaciona, no son únicamente autores e ideas,
sino una forma de orientar el pensamiento, conocer al ser humano,
aprender a reflexionar, empatizar. Es adquirir espíritu crítico,
lograr capacidad de debate y con ella la de solucionar el mundo entre
amigos con unas cervezas en la mesa.
La
filosofía es razón, sentido, realidad, belleza, sabiduría,
misterio, romanticismo, complejidad y sencillez. Es, como otros
muchos afirman, pensar la vida y vivir el pensamiento.
Por
eso, a pesar de mis idas y venidas con la materia, abogo parafraseando a Ortega y Gasset por sorprenderme,
extrañarme, por comenzar a entender
y de las misma forma, invito a todo aquél que se sienta mínimamente
identificado con estas líneas a entrar en change con la finalidad de firmar por la vida de las ideas.
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